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El COVID-19 como acelerador en la pérdida del capital humano venezolano

Si de algo no se ha hablado lo suficiente es del impacto que tiene el nuevo coronavirus en la educación de los niños, niñas y jóvenes.

Créditos de foto: VOA

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Como se observa en cualquier noticiero y como ya hemos comentado en varios artículos, la llegada del COVID-19 ha tenido un impacto tremendo, no solo en la salud mundial sino en la economía global. Constantemente nos encontramos tratando de calcular la pérdida de PIB, de empleos, de ingresos, de sectores completos. Lo principal que encontramos en cualquier artículo en estos momentos es “La economía peruana puede caer 20% en el segundo trimestre de este año debido al impacto del coronavirus (COVID-19)”, “la contribución del turismo al PIB en el segundo trimestre de 2020 cae un 100%”, “33 % de los venezolanos en Perú perdió su empleo en medio de pandemia”. Pero, algo de lo que no se ha hablado lo suficiente es del impacto que tiene este fenómeno en la educación de los niños, niñas y jóvenes.

Las instituciones educativas fueron de las primeras en cerrar sus puertas en todo el mundo dentro de las medidas de cuarentena que se han tomado, y si vemos los planes de reactivación planteados hasta ahora pareciera que también estarán entre las últimas en abrir sus puertas por no representar un sector productivo con efecto inmediato en el corto plazo para el PIB económico y además requerir de una concentración alta de personas en un mismo espacio: el salón de clases. Los centros de estudio, básicos y superiores, con mayor infraestructura educativa, recursos y sistemas de apoyo han podido adaptar de una u otra forma la provisión de sus servicios educativos a modalidades virtuales. Esto por supuesto es más fácil en algunos países que en otros ya que depende no solo de la infraestructura digital y recursos de cada institución sino también de la infraestructura y recursos de cada Estado y cada familia. Si no se tiene internet, si no se tiene computadora, si no se tiene servicio eléctrico, es difícil poder conectarse a clases online.

Para hacer frente a las debilidades estructurales, cada país ha tomado ciertas medidas que buscan mitigar los desafíos de acceder a educación desde casa. En Perú, por ejemplo, se ha dispuesto el uso de la televisión estatal para dictar clases para los chicos y chicas durante horas del día. Se ha evaluado también la entrega de tablets para facilitar el acceso a educación online, y se han hecho entregas de útiles escolares para facilitar a los padres herramientas para educar a sus hijos. Esta serie de acciones busca de una u otra forma mitigar los desafíos en la pérdida de la educación de niños, niñas y jóvenes, pero a pesar de esto, aún se presencian muchas ineficiencias.

La infraestructura y recursos de cada institución educativa, cada familia y cada Estado influyen en la capacidad de generar herramientas que permitan a los niños, niñas y jóvenes seguir estudiando durante la cuarentena. ¿Qué pasa entonces en países como Venezuela donde ni las instituciones educativas, ni las familias ni el Estado cuentan con la infraestructura y recursos para hacer frente a esto?

Venezuela ha perdido en los últimos 7 años 70% de su PIB, ha migrado una cantidad importante de sus docentes (entre las más de 5 millones de personas que han salido del país), la infraestructura educativa está en decadencia, la mayoría de los hogares no tiene acceso a servicio eléctrico e internet constante, y la población se encuentra sumergida en pobreza. Como escuché del economista  Asdrúbal Oliveros decir recientemente: Venezuela tiene una serie de condiciones preexistentes a la crisis del COVID-19. Estas condiciones preexistentes han traído consigo el deterioro del sistema educativo y un aumento en la deserción escolar. A esto se suma la llegada del COVID-19 que golpea fuertemente a las instituciones educativas de calidad que aún se mantienen en Venezuela, la continuidad de la educación de muchos niños, niñas y jóvenes, y forzará probablemente a muchos jóvenes a dejar la educación para ayudar económicamente a sus familias.

Mucho se ha hablado de la pérdida del PIB, empleos e ingresos pero nos encontramos también frente al riesgo de perder capital humano. El capital humano se define  como el valor económico de las habilidades de cada persona y su potencial productivo. En Venezuela se viene perdiendo capital humano desde hace años, cada vez más personas dejan la educación y menos personas ingresan, sumado además a la cantidad de profesionales que han tenido que dejar de ejercer su profesión por no encontrar trabajo en esta ni dentro ni fuera de Venezuela. 

La llegada del COVID-19 puede acelerar el proceso de pérdida del muy preciado capital humano de los venezolanos. Mientras más tiempo pasen los jóvenes sin estudiar y sus familias sin generar ingresos, menos probable será su retorno a la educación. Mientras más empleos e industrias formales (de las pocas que quedan en Venezuela) se sigan perdiendo, menos oportunidades tendrán los profesionales para ejercer su profesión y menor será el incentivo de adquirir una educación superior. En todo sentido, Venezuela no solo está perdiendo PIB, empleos e ingresos, está perdiendo, de manera acelerada, su capital humano.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE