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Una política para el presente y futuro: la juventud venezolana, su educación y los empleos del mañana

Créditos de foto: Agencia EFE

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El sistema educativo en Venezuela ha colapsado. Muchas veces se habla sobre cómo todo lo que ha destruido el régimen venezolano puede abrir la puerta para construir un país nuevo desde cero y ser innovador al respecto. Este artículo sigue esta línea de pensamiento, pero parte de una propuesta un poco más audaz: quizás no hay que esperar a que salga del poder el régimen actual para construir una política educativa innovadora e inclusiva.

Una de las áreas donde más han fallado los países de América Latina en sus procesos de desarrollo es en el establecimiento de un sistema educativo inclusivo y con miras al futuro. La política educativa se ha centrado principalmente en la cobertura y en replicar sistemas que para el mercado laboral actual son totalmente anticuados. En el caso de Venezuela, no solo se ha observado esta práctica común sino que en los últimos años ha venido acompañada de una destrucción sistemática del aparato educativo y del mercado laboral. Los jóvenes venezolanos hoy no cuentan con educación de calidad y, quienes han estudiado, no pueden ejercer sus profesiones.

De acuerdo a datos de la Encovi 2019/2020, en el año 2014, el 47% de los jóvenes entre 18 y 24 años asistía a la educación superior, para el 2019/20, este número ha caído hasta el 25%, y si observamos el quintil económico más pobre, la asistencia cae a 16%. Siendo la principal razón de inasistencia a la educación el no querer seguir estudiando o no considerarlo importante. Asímismo, observamos que tanto los jóvenes en Venezuela como fuera del país, no logran ejercer sus profesiones. De acuerdo a la última encuesta regional de Equilibrium CenDE a población migrante y refugiada venezolana, solo el 2% de los jóvenes profesionales venezolanos migrantes habría convalidado sus títulos, y la mayoría trabaja en la informalidad en trabajos precarios. El caso en Venezuela no es muy distinto, donde el 45% de las personas que trabajan lo hacen como trabajadores independientes, mientras que solo el 22% trabaja en el sector privado.

Por otro lado, la naturaleza de los empleos así como de la educación, ha venido cambiando significativamente en los últimos años y, de manera acelerada con el fenómeno del COVID-19. La pandemia ha dejado en evidencia algo elemental, la presencialidad, en muchos casos, no es un elemento fundamental ni de la educación ni del empleo. Cuando vemos las cosas de esta manera, nos damos cuenta de que las fronteras tampoco. Esto puede abrir las puertas a una propuesta de política educativa enfocada en los empleos del futuro para los venezolanos.

Múltiples reportes[1][2] han venido hablando en los últimos años sobre la naturaleza cambiante de los empleos, impulsada por los procesos de automatización de las labores, el crecimiento de la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico general. Estos estudios hablan de la desaparición de ciertos tipos de trabajo, la transformación de otros y la subsistencia de un tercer grupo. En este sentido, no es sorpresa que los empleos que están desapareciendo primero son principalmente aquellos relacionados a actividades repetitivas, procesamiento de datos, atención al cliente, entre otros. Es así como el mercado laboral se está desplazando hacía una mayor necesidad de habilidades blandas, técnicas y tecnológicas; justamente competencias que actualmente no se desarrollan fuertemente en los sistemas educativos de la región y, especialmente, en Venezuela.

La ventaja es que dichas habilidades no requieren en gran parte de procesos de formación largos, costosos y exhaustivos, sino de una serie de cursos y herramientas que pueden ser, en algunos casos, hasta de muy fácil acceso si se cuenta con algo de voluntad política y disposición de actores influyentes. Además, dichas habilidades pueden ser en gran parte desarrolladas a distancia, desde el hogar o espacios de estudio grupal en distintas locaciones y pueden abrir, de igual manera, puertas a empleos más allá de las fronteras de un país.

Los venezolanos ya han venido demostrando que esto es posible en los últimos tiempos. Las nuevas empresas más exitosas de Venezuela son aquellas que venden servicios al extranjero. Los programadores venezolanos, como en su momento lo hicieron los programadores indios, trabajan para empresas alrededor del mundo. Los diseñadores gráficos, contadores, administradores, periodistas, comunicadores, entre otros; han demostrado que desde la distancia siguen habiendo puertas a mercados más dinámicos. Ahora con la pandemia, todo el mundo se ha dado cuenta de esto, y se ha familiarizado con las maneras y canales para trabajar con equipos que no se encuentran en el mismo espacio físico.

Lo mismo ha venido sucediendo lentamente con la educación virtual en años recientes. Al comienzo no se confiaba mucho en su calidad, luego fue adoptada por organizaciones prestigiosas,  después fue universalizada y ha traído consigo una especie de democratización de la educación. La pandemia además ha demostrado que estudiar a distancia no solo es posible sino que puede ser, en muchos casos, hasta más práctico.

Un país no se desarrolla por la cantidad de universitarios que gradúa, sino por la calidad del capital humano diverso que genera y su eficiente inserción laboral en empleos acordes a sus habilidades. Los países más desarrollados lo han demostrado: naciones como Alemania y Corea del Sur la educación técnica es uno de los principales motores de desarrollo[3][4][5]. Este es el camino recomendado para la región, y el más pragmático para Venezuela, el de la educación técnica, con enfoque en el desarrollo de las habilidades que demandan los mercados actualmente y las que  necesitarán en el futuro. Educación de calidad de este tipo podría hacerse llegar a Venezuela, incluso, en el contexto actual. 

Es así como la principal política de cualquier organismo internacional, organización no gubernamental, gobierno interino y gobiernos locales, entre otros, que busque generar oportunidades para los venezolanos debe partir de la conectividad con el mundo exterior y ser acompañado por acceso a las herramientas de educación virtual pragmáticas que les permitan ir desarrollando las habilidades que requieren los mercados internacionales y las que exigirá el futuro desarrollo del país.

Y en esto justamente se basa esta propuesta para la educación en Venezuela, tanto en tiempos de COVID-19 como de régimen de Maduro. Ofrezcamos a los jóvenes venezolanos canales de acceso a herramientas de educación más prácticas y acordes tanto a los empleos del futuro como a los empleos de calidad a los que pueden acceder actualmente, los cuales lastimosamente no se encuentran en Venezuela. Esto les permitirá desarrollar habilidades altamente pertinentes para el futuro desarrollo socioeconómico del país, a la vez que les permitirá producir ingresos en divisas y acceso a un sueldo más digno del que la mayoría puede generar actualmente dentro del país.

El régimen ha destruido la economía del país, no se puede dejar que siga destruyendo su capital humano y el futuro de la juventud venezolana.  

[1] ILO (2015) ‘World Employment Social Outlook: The changing nature of jobs’, International Labour Organization, Geneva:                                http://www.ilo.org/global/research/globalreports/weso/2015/lang–en/index.htm.

[2] Manyika, J. (2017) ‘Technology, Jobs and the Future of Work’. McKinsey Global Institute, Executive Briefing: https://www.mckinsey.com/featured-insights/employment-and-growth/technology-jobs-and-the-future-of-work.

[3] Grzybowski, M. (2013) ‘Education Technologies in South Korea’, General and Professional Education (1/2013): 3-9.

[4] Kis, V. and E. Park (2012) ‘A Skills beyond School Review of Korea’. OECD Reviews of Vocational Education and Training, OECD Publishing.

[5] OECD (2010) ‘Vocational Education and Training in Germany Strengths, Challenges and Recommendations’. Directorate for Education, Education and Training Policy Division.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE