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Integración regional en América Latina: Una tarea pendiente y necesaria

Hasta el momento, era difícil alinear los intereses políticos y económicos de los países de la región frente a cualquier tema. Sin embargo, el desafío regional que presenta la crisis en Venezuela puede ser un importante punto de partida para esto.

Créditos de foto: Revista Nuestra Gente

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América Latina se encuentra permanentemente envuelta en una “trampa de ingreso medio”. La mayoría de los países de la región llevan décadas como países de ingreso medio, es decir, cuentan con un PIB per cápita de entre US$ 1,000 y US$12,000. Sin embargo, parecen haberse quedado estancados en este nivel, así como en un perpetuo proceso de industrialización.  Esto básicamente implica que los países de la región han dejado de ser países de mano de obra barata para las cadenas de valor globales pero siguen dependiendo principalmente de ingresos provenientes de la extracción de recursos naturales, sin generar mucho valor agregado.

Una de las principales barreras para el desarrollo económico de la región está ligada a la incapacidad que hemos tenido de generar marcos de cooperación regional funcionales, articulados y duraderos. Para ser una región con factores culturales, históricos y hasta económicos tan similares entre los países, nuestros procesos de integración regional han sido especialmente deficientes.

Una de las principales razones de nuestras fallas de integración, articulación y cooperación regional se encuentra en que la mayoría de los procesos que se han llevado a cabo en esta línea se encontraban fuertemente politizados. Sin embargo, no es solo la politización de los procesos la que ha generado dichas barreras, sino también la volatilidad política y la debilidad institucional de cada uno de nuestros países. Pareciera ser que cada ciclo electoral reinicia la estrategia de desarrollo de cada país. Gobiernos que hoy comparten agendas y estrategias de desarrollo similares, dentro de un año pueden no tener nada en común. Esto dificulta mantener marcos funcionales de cooperación en el mediano y largo plazo.

Otro factor que dificulta una eficiente integración regional está ligado a lo económico. Una integración real haría más codependientes a las economías de cada país con las de sus vecinos. Como hemos observado en los procesos históricos, nuestras economías pueden ser casi tan volátiles como nuestra política, de hecho parte del problema es que se encuentran fuertemente ligadas. La estabilidad económica de cada país es diferente y el nivel de politización de las entidades económicas (Bancos Centrales, por ejemplo) también. En este sentido, se hace complejo crear marcos de cooperación económica que generen mucha codependencia.

Sin embargo, si bien la inestabilidad política, institucional y económica está entre las principales causas de nuestra fallida integración, también resalta la necesidad de contar con procesos de este estilo. La actual crisis política, económica y social que enfrenta Venezuela, por ejemplo, se ha convertido en uno de los más relevantes problemas de alcance regional que ha enfrentado América Latina. Más de 5 millones de personas han abandonado el país y el colapso de su economía ha tenido efectos negativos en el comercio regional. Nos encontramos potencialmente frente al mayor desafío regional que hemos enfrentado, y un desafío de este estilo requiere, naturalmente, de una respuesta regional. Pero este no ha sido el caso. La mayoría de los países han venido tomando decisiones unilaterales y espontáneas que, más que responder a la crisis, podrían llegar hasta a profundizarla, generando desafíos para gobiernos vecinos, así como conflictos sociales internos y externos.

La Unión Europea nace con el fin de poner un freno a los conflictos entre países europeos (principalmente a los conflictos armados) mediante la creación de marcos de cooperación que no solo generen codependencia sino que faciliten la integración social y económica. Si bien la Unión Europea tiene sus fallas, hay lecciones que podemos aprender de este concepto de integración que se encuentra en continua construcción, modernización y corrección. Vale destacar además, que los países de la Unión Europea no contaban, ni cuentan, con los niveles de similitudes culturales, históricas y económicas con los que contamos en América Latina.

En este sentido, un proceso real de integración regional puede ser la base para controlar la volatilidad de nuestros sistemas políticos, económicos e institucionales, así como para conseguir un mejor puesto de negociación en el mundo globalizado en el que nos encontramos (no es lo mismo que Perú negocie un tratado de comercio con los Estados Unidos a que este sea negociado como bloque). Llegar a esto es un proceso complejo y gradual. Sin embargo, muchas de las bases ya han sido plasmadas y las plataformas regionales existentes podrían funcionar para avanzar el concepto. Hasta el momento, era difícil alinear los intereses políticos y económicos de los países de la región frente a cualquier tema. Sin embargo, el desafío regional que presenta la crisis en Venezuela puede ser un importante punto de partida para esto, sobre todo porque no existe ningún escenario en el que se logre una respuesta eficiente al problema si no es una respuesta regional.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE