Equilibrium CenDE

¿Los números hablan por sí solos?

Las cifras son ahora nuestra base. Sin embargo, para lograr incidencia en la toma de medidas inclusivas en medio de la COVID-19, desde las Comunicaciones y los think tanks, también nos toca elevar las voces de los poco escuchados.

Créditos de foto: Cristian Hernández / AFP

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Pérdida de empleos, poco o nulo abastecimiento, sentimientos de preocupación, ansiedad y frustración. Tristeza. Los datos de nuestra más reciente encuesta revelan la situación general de la vasta mayoría de migrantes venezolanos en Perú ahora mismo, en tiempos de coronavirus. Pero conocer los casos particulares, escucharlos, puede impactar tanto o más que los números por sí mismos: te abre los ojos, te impulsa a dar soluciones, te obliga a ser voz.

El pasado 25 de marzo, el equipo de Equilibrium CenDE, junto a un grupo de encuestadores voluntarios, llamamos a 363 migrantes venezolanos que viven en diferentes partes de Perú. Las 363 llamadas telefónicas fueron el insumo para el reporte “Resultados de la Encuesta Nacional de Opinión – Cuarentena COVID-19 en Población Venezolana Migrante en Perú”, herramienta contundente para identificar desafíos y diseñar prontas medidas inclusivas y efectivas que atiendan las necesidades de la población migrante venezolana en Perú. Pero, ¿es suficiente esta evidencia, que de por sí es totalmente necesaria?

Hasta cierto punto, puede ser que sí. Tenemos la percepción que las personas aman las cifras; es decir, los números, la data “dura”. Sin embargo, esta percepción puede convertirse en un arma de doble filo para todos, tanto para quienes analizan los datos como para quienes los consumimos: podemos concentrarnos tanto en ellos que nos perdemos, y, queriendo o sin querer, dejar de lado el rostro humano, lo que está más allá (o quizás “detrás”) de los números. Es entonces que es momento de retroceder para luego volver a acercarse de otra manera a la realidad, de escuchar con atención cada caso en particular.

Esto no fue lo que hicimos en la encuesta en mención, pues no era ese el objetivo. Pero, como dije líneas arriba, puede ser que las cifras no sean suficientes, sobre todo ahora mismo, cuando todo lo que escuchamos hora a hora, día a día, a través de los medios de comunicación es, en su mayoría, números. Sí, las cifras ahora, como centro de investigación, son la base, el inicio de nuestro trabajo de hacer incidencia en la toma de decisiones en este momento. No obstante, nuestro trabajo, en tiempos de coronavirus, no ha acabado.

Según ACNUR, en Perú viven más de 860 mil migrantes venezolanos. Y, de acuerdo a nuestro análisis, los múltiples desafíos a los que ellos se enfrentan suelen ser producto de los problemas estructurales del país; desafíos a los cuales los peruanos han venido haciendo frente década tras década. Para todos en el país, estos desafíos, en períodos de crisis, como la emergencia sanitaria que actualmente vivimos, se agudizan. Sin embargo, para los migrantes venezolanos, estos suponen un estado de doble vulnerabilidad debido a las pocas medidas que se han tomado para su inclusión desde que inició el flujo migratorio, y a la débil red de soporte con la que cuenta una persona cuando deja su país de origen.

“O nos morimos de hambre o nos morimos de coronavirus”, me dijo una migrante venezolana de unos 30 años en una de las llamadas que hice por teléfono el 25 de marzo. Tal vez es esto lo que necesita escuchar el Gobierno, los organismos y las organizaciones internacionales. Tal vez no es suficiente saber que más del 75 por ciento de los migrantes venezolanos encuestados manifiesta no tener dinero para abastecerse en los próximos días de cuarentena. O que el 33 por ciento se encuentra sin trabajo en el marco de esta emergencia sanitaria. De repente toca seguir hablando pero con otro discurso, aquel que también eleve las voces de los poco escuchados.

Autor:

Emily Espinoza

Emily Espinoza

Directora de Comunicaciones de Equilibrium CenDE