Equilibrium CenDE

Migrantes y Refugiados a la deriva

Nacionalismo vs. Cooperación internacional en tiempos de pandemia

Créditos de foto: AFP

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La pandemia del COVID-19 y las medidas de prevención y mitigación que se han implementado presentan posiblemente el mayor reto mundial de los últimos 70 años. La rápida propagación del virus y el consiguiente riesgo a la vida, el aún incalculable impacto económico, la disrupción de la vida social, entre otros factores, han cambiado y seguirán cambiando nuestras sociedades.

Los Gobiernos del mundo entero están implementando medidas para proteger a sus poblaciones y ayudar a los más vulnerables. Sin embargo, todo esto ocurre en el medio de múltiples otros desafíos que ya estaba enfrentando nuestro planeta: el cambio climático, guerras, desigualdad y fenómenos migratorios, entre otros. Los migrantes y refugiados, en la mayoría de los casos, provienen de países envueltos en crisis (la crisis económica, política y humanitaria en Venezuela, o la guerra en Siria, por ejemplo), los cuales no están en la capacidad de protegerlos en este momento. Más aún, los países receptores, donde hacen vida estas personas hoy, en la mayoría de los casos, no los han incluido en las medidas de mitigación frente al impacto económico. Entonces, surge la pregunta, ¿quién protege a esta población que ha sido abandonada por sus Gobiernos?

La población migrante y refugiada exhibe altos niveles de vulnerabilidad. Si observamos el caso de la diáspora venezolana, la cual en su mayoría se encuentra en países vecinos de América Latina, podemos ver que la mayoría de ellos ha migrado en condiciones precarias, en busca de poder subsistir económicamente en países vecinos ya que no lo puede hacer en su propio país. Esta población trabaja principalmente en el sector informal y no cuenta ni con recursos, ni con ahorros, ni con redes de apoyo, ni con protección estatal. Están a la deriva.

Las encuestas que hemos realizado desde Equilibrium CenDE a población migrante venezolana, en Colombia, Perú y Ecuador, durante el periodo de cuarentena,  indican lo siguiente: entre 75% y 86% (dependiendo del país) de los migrantes no genera ingresos durante la cuarentena; entre el 77% y el 90% (dependiendo del país) no se encuentra suficientemente abastecido y no tiene dinero para hacerlo, y el 52% de quienes se encuentran en Perú estaría enfrentando un riesgo de desalojo. Su situación es crítica y el apoyo que han recibido, ya sea de los Gobiernos de los países de recepción, del Gobierno venezolano o de las Organizaciones Internacionales ha sido cercano a nulo.

Es justamente en momentos como este donde se define si vamos hacia una mayor integración y colaboración global, o hacia más nacionalismo, donde las Organizaciones Internacionales deberían tomar el liderazgo en la articulación de respuestas globales y donde las potencias económicas mundiales deben definir si solo les importa su población o si deben buscar proteger también a los más vulnerables. Este es el desafío global más importante en generaciones. Como lo manejemos definirá cómo haremos frente a los múltiples otros desafíos que enfrentemos como humanidad.

Hasta el momento, el nacionalismo está ganando, la solidaridad por parte de las potencias económicas ha sido baja y las Organizaciones Internacionales no han podido proteger efectivamente a los más vulnerables. En el caso de las grandes potencias vemos como el Presidente de Estados Unidos opta por una respuesta nacional y no global a la crisis. En el caso de las Organizaciones Internacionales, es posible que los sistemas burocráticos de estas entidades no les permitan reaccionar y alocar recursos con eficiencia y prontitud. Hasta el momento, hemos visto respuestas quizás más fuertes y coordinadas por parte de filántropos y organizaciones de la sociedad civil en lo que respecta a la búsqueda de soluciones macro a la pandemia y la protección de las poblaciones vulnerables que se encuentran a la deriva.

La primera fase de la respuesta mundial frente al COVID-19 está llegando a su fin, los Gobiernos alrededor del mundo están empezando a levantar las cuarentenas y reactivar sus economías. En esta fase le hemos fallado a los más vulnerables, especialmente a aquellos que han sido abandonados por sus Estados de origen. El nacionalismo ha ganado esta ronda. La pregunta es: ¿Hemos aprendido algo? La pandemia y sus repercusiones están lejos de haber terminado, como se comporten los Estados y Organizaciones Internacionales en las siguientes fases determinará el resultado final de este problema global y cómo enfrentaremos los siguientes.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE