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La nueva realidad de la emigración venezolana

Créditos de foto: Human Rights Watch

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A finales de 2019, más de 4,5 millones de venezolanos habían abandonado su país y viajado principalmente hacia América Latina y el Caribe. Se trata del mayor éxodo en la historia reciente de la región y una de las mayores crisis globales de desplazamiento, solo por detrás de la de Siria. Más de 900.000 venezolanos han solicitado asilo en los últimos tres años, 48% de ellos solo en 2019.

 

Se pueden distinguir tres oleadas migratorias que se definen por las características de la población migrante venezolana: (1) empresarios y grandes capitales; (2) profesionales y académicos y (3) migrantes masivos. La primera entre la llegada de Hugo Chávez a la presidencia y el 2005, luego de los despidos masivos en el sector petrolero, así como las nuevas políticas económicas que generaron pánico entre los empresarios venezolanos. La segunda entre 2010 y 2015 fruto del temor a las expropiaciones, la inflación y el deterioro económico. Otro factor fueron las protestas de 2014 que habían causado “violencia, inflación y escasez crónica de bienes básicos” y la expulsión de miles de colombianos. La segunda ola migratoria sumó también a la clase media, estudiantes y profesionales altamente cualificados.

 

La tercera oleada comenzó en 2017 fruto de una Venezuela cada vez más empobrecida y sumergida en una crisis humanitaria, política, social y económica. De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020, solo en los últimos tres años han abandonado el país 2,3 millones de personas. Cada vez es más frecuente escuchar el fenómeno de los caminantes venezolanos, de menores no acompañados que llegan a los países receptores en situación de desnutrición y de mujeres embarazadas que requieren de atención médica debido a la creciente precarización del sistema de salud. Esta última oleada migratoria tiene un perfil más “democratizado”, que abarca a toda la estructura social venezolana y pasa de ser una migración planificada a ser un flujo que adquiere las características de un éxodo masivo.

 

Ante este panorama vale la pena plantear cuatro interrogantes sobre la emigración reciente venezolana tomando como referencia el periodo 2017-2020 y los resultados de la última ENCOVI: quiénes son, hacia dónde se dirigen, por qué salen del país y qué impacto tiene su salida sobre la población y la estructura social venezolana.

 

¿Quiénes son?

Aunque el número de jóvenes que sale del país ha disminuido, cerca de la mitad de los emigrantes recientes son adolescentes y jóvenes (de 15 a 29 años). Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el número de adultos jóvenes (de 30 a 49 años) que salen del país: un 29% en 2017 a un 41% en 2019.

 

Uno de los cambios más relevantes en el perfil de la emigración tiene que ver con la creciente participación de los hombres. Venezuela hasta el momento se caracterizaba por el importante peso de las mujeres en el proceso migratorio cuando este no era de carácter masivo, pero esto se ha revertido en los últimos años: 54% de hombres emigraron vs. 46% de mujeres en 2019.

 

Los grandes niveles de rezago escolar existentes en el sistema educativo venezolano y el descenso en la tasa de asistencia escolar se reflejan también en el perfil de la emigración. Ha disminuido el nivel de escolaridad de la población emigrante, pero todavía más de 1 de cada 3 alcanza la enseñanza superior: 23% ha completado estudios universitarios y un 11% estudios técnicos universitarios. Las mujeres en promedio presentan mayor nivel de estudios alcanzado: 42% de mujeres emigrantes cuenta con estudios superiores vs. 28% de hombres.

 

¿Hacia dónde se dirigen?

Se fortalecen las rutas migratorias hacia países de la región de América Latina y el Caribe: Colombia parece ser el destino preferido de los nuevos emigrantes (42%), seguido de Perú (21%) y Chile (12%). Según las últimas cifras de ACNUR, se estima que más de un 83% de la población migrante venezolana se encuentra en la región. España y Estados Unidos, principales destinos de venezolanos por mucho tiempo, han perdido relevancia, principalmente por los costos: de los venezolanos que emigraron recientemente, solo un 3% lo hizo a Estados Unidos y a España en la misma proporción.

 

La mayoría inician solos el proceso migratorio: 2 de cada 3 emigrantes recientes salen del país sin la compañía de ningún miembro familiar, mientras que los que van acompañados lo hacen de la pareja o cónyuge (30%), hermano/a (21%), padre o madre (19%) y los hijos/as (18%). Principalmente han emigrado las y los hijos de los jefes o jefas del hogar (61%).

 

¿Por qué salen del país?

La búsqueda de trabajo representa el principal motivo de salida (82,3%) para los que emigraron en 2019. La reagrupación familiar ha cogido mayor importancia (5,8%), mientras que la violencia y la inseguridad han pasado a un tercer plano, a la par de las razones políticas.

 

Esta tendencia en el aumento de migrantes que buscan mejores oportunidades laborales no debe confundirse con el término migrante económico, ya que se ha demostrado en numerosas ocasiones que los derechos económicos y sociales no están garantizados en Venezuela, motivo que fuerza a estos migrantes a solicitar refugio en otro país: un 96% de los hogares están en situación de pobreza y un 79% no cuenta con ingresos suficientes para cubrir la canasta alimentaria (situación de extrema pobreza). Esta situación se agudiza en el contexto del COVI-19, con un 43% de los hogares del país que reportan imposibilidad de trabajar o pérdida de ingresos por el efecto de las medidas implementadas para prevenir la pandemia.

 

¿Qué efectos genera esta pérdida de población sobre la estructura venezolana?

La migración forzada de carácter masivo, especialmente de la población joven y joven adulta en edad de trabajar, trastocó el proceso de transición demográfico y ha tenido un fuerte impacto sobre el volumen y la composición de la población. El bono demográfico es un término para calificar una coyuntura favorable en términos de la estructura de la población por edad para potenciar el desarrollo de un país. Se da este fenómeno cuando la mayoría de los habitantes de un país está en edad productiva y supera en mayor proporción a la población dependiente (niños niñas y adolescentes y adultos mayores), es decir, se tiene a más personas trabajando y menos personas dependiendo de servicio públicos como la educación, salud y vivienda.

 

Como resultado de una combinación de factores, entre los que destaca el éxodo de la población joven, una menor tasa de nacimientos y el incremento de la mortalidad, Venezuela ha perdido su bono demográfico. El tamaño de la población se redujo en casi 4 millones de efectivos como resultado. La pérdida de población en edades activas ha acelerado también el envejecimiento de la población: entre el 2015 y 2020 la población de 60 años y más creció de 10% a 12%. Este fenómeno supone una pérdida para Venezuela pero una ganancia para los países receptores de migrantes y refugiados si se implementan las políticas públicas adecuadas para aprovechar el capital humano.

 

La emigración venezolana también tiene efectos sobre la configuración de los hogares y la integración familiar. Fruto del predominio masculino en la emigración de los últimos años y la mayor dependencia femenina de las ayudas sociales y las remesas, cada vez hay más mujeres cabezas de familia: 60% de los hogares tienen a una mujer como jefa de hogar vs. 40% de los hogares con un hombre. De los que emigran acompañados, solo un 30% lo hace en compañía de su pareja y solo un 18% en compañía de hijos/as, por lo que cada vez hay más hogares monoparentales y se reduce la participación de los hogares completos: un 5% de hogares monoparentales en 2017 se eleva a un 14% en este año.

 

Otro factor importante es la mayor dependencia de remesas: de los hogares que reportaron que uno o más de sus miembros dejaron el país en el periodo 2014-2019, un 30% recibe remesas del exterior, en comparación a un 8% en 2017. Los hogares en condición de pobreza, las mujeres jefas de hogar y los adultos mayores son los principales perceptores de remesas.

 

Estos datos reflejan el perfil de la emigración reciente venezolana y los efectos negativos que genera un éxodo masivo sobre la población en Venezuela. Sin embargo, las ventajas de la migración venezolana para los países receptores pueden ser incalculables si se promueven las políticas adecuadas: (1) promover la regularización migratoria con enfoque de protección e inclusión económica; (2) fomentar canales para el envío de remesas; (3) apoyar la organización transnacional de migrantes y refugiados. Solo así se podrá potenciar la capacidad de resiliencia de la diáspora venezolana y transformar la movilidad humana en una oportunidad para la región.

Autor:

Marta Castro

Marta Castro

Coordinadora de Investigación de Equilibrium CenDE