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Pandemias van, pandemias vienen

El COVID-19 ha paralizado al mundo. Nunca antes habíamos visto algo así. Menos en Venezuela.

Créditos de foto: Agencia AFP

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Mientras el mundo entero se encuentra enfrentando la pandemia del COVID-19, Venezuela parece estar envuelta en una pandemia perpetua. Si observamos el impacto de la pandemia alrededor del planeta, nos damos cuenta que es muy similar al impacto del régimen actual en Venezuela. La diferencia es que si bien los efectos del COVID-19 tendrán una duración larga, los países están empezando ya procesos de recuperación. Venezuela lleva ya, por lo menos, siete años de pandemia y aún no se ven perspectivas claras de que empiece un proceso de recuperación.

Lo que para el mundo es un fenómeno aislado, para Venezuela es el día a día. Hablamos de sistemas de salud sobrecargados y poblaciones viéndose vulnerables a enfermedades que el Estado no puede controlar. Hablamos de economías en decrecimiento. Hablamos de las personas vulnerables sin poder generar ingresos y sin poder sostenerse económicamente, acceder a alimentos y pagar la renta de su vivienda. Hablamos de aislamiento del comercio mundial y caída del turismo. Todos estos son factores que han estado presentes en Venezuela por lo menos durante los últimos siete años.

El principal desafío que ha generado la pandemia del COVID-19 alrededor del mundo es el impacto en la salud de la población y la sobrecarga y el colapso de los sistemas de salud. En Venezuela encontramos enfermedades como la Malaria (más de 400,000 casos en 2017) y la tuberculosis (cerca de 8,000 casos en 2016) en los últimos años. La mayoría de los centros de salud reportan no contar con los medicamentos necesarios para sus pacientes (87% de los afectados por VIH no recibe su tratamiento, por ejemplo), mucho menos con los equipos que requieren y enfrentan hasta cortes de los servicios básicos como agua, con 70% de los hospitales reportando fallas en el sistema[1]. Venezuela se encuentra en el 180 de 195 en el Índice de Seguridad Sanitaria Global de 2019.  

Alrededor del mundo vemos que se estiman caídas importantes del PIB. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, el PIB mundial caerá 4.9% este 2020; en el caso de América Latina, la caída esperada es de 9.4%. Sin embargo, se anticipa que en 2021 se verá un crecimiento de 5.4% a nivel mundial y del 3.7% en América Latina. Venezuela se encuentra en un decrecimiento constante de su economía desde el 2013, habiendo perdido el 70% de su PIB en siete años[2], y sin ninguna expectativa de recuperación para el 2021.

La pérdida de empleo ha llegado a números récord en países en vías de desarrollo y países desarrollados por igual, las poblaciones vulnerables se han visto especialmente afectadas, enfrentando fuertes desafíos para autosostenerse. En Venezuela encontramos que 8 de cada 10 venezolanos han disminuido su ingesta calórica[3], el sueldo mínimo fluctúa entre los US$ 3 y US$ 7, y más del 90% de los venezolanos no cuenta con ingresos suficientes para pagar la canasta básica alimenticia[4]. Todo esto previo a la llegada de la pandemia de COVID-19.   

El comercio internacional y el turismo se han visto fuertemente golpeados, el cierre de fronteras dificulta la importación y exportación, e imposibilita el turismo internacional. En Venezuela encontramos que las exportaciones de Venezuela al mundo ya habían caído en más de 75% entre 2012 y 2018[5], centrándose lo restante principalmente en la exportación petrolera que ahora se encuentra en su punto más bajo a nivel histórico. En cuanto al turismo internacional, que ahora se ha visto paralizado, en Venezuela este ya se encontraba en menos del 40% de sus visitas de 2012 en 2018.

En general, los indicadores que hemos observado de Venezuela se han visto tanto o más afectados de manera continua en los últimos 7 años de lo que ha sido el  impacto de la pandemia del COVID-19 a nivel mundial. Con esto no buscamos minimizar el impacto de la pandemia; al contrario, buscamos demostrar lo grave de la crisis económica, social y política que enfrenta Venezuela. Más aún, con el aumento de casos de COVID-19 en las últimas semanas en Venezuela, aumenta la preocupación respecto a la vulnerabilidad de la población frente a este nuevo desafío.

Lo más preocupante es que si observamos las medidas y paquetes de recuperación que plantean los distintos gobiernos alrededor del mundo, por más fallas que puedan tener, demuestran la disposición de generar herramientas para salir adelante. En el caso de Venezuela, en estos momentos, no se tiene ni la voluntad política, ni los recursos económicos ni las instituciones necesarias para implementar las medidas y paquetes de recuperación que la ayudarían a empezar a salir de la compleja emergencia humanitaria en la que se encuentra.

Mientras los demás países del mundo empiezan a superar algunos de los desafíos de la pandemia, y se esperan recuperaciones económicas y lecciones aprendidas para los próximos meses, Venezuela continúa en su pandemia perpetua, ahora potenciada por el COVID-19. Una pandemia construida por el ser humano mediante la destrucción sistemática de las instituciones, economía y sociedad venezolana, de la que prácticamente ningún venezolano se salva, y que amenaza constantemente con contagiar a sus países vecinos.

Las pandemias van y vienen, pero en el caso de Venezuela, vino hace años y no se termina de ir.

 

Referencias:

[1] Human Rights Watch, 2020

[2] Ecoanalítica, 2020

[3] Encovi, 2017

[4] Reporte Nacional EHC Derecho a la Alimentación y Nutrición, 2018

[5] UNComtrade, 2019

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE