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Panorama de la segregación laboral juvenil y estrategias para reducirla

Créditos de foto: GEC

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“¡Este no es un trabajo para mujeres!” Es una de las frases muchas veces utilizada para señalar labores que no debería hacer una mujer.  Lastimosamente, hoy en día aún existen este tipo de expresiones basadas en prejuicios y estereotipos de género. Estas percepciones son una de las bases para la segregación por género, lo cual produce, un mercado de trabajo con desigualdad de oportunidades [1].

La segregación laboral basada en el género hace referencia a la distribución desigual de trabajadores y trabajadoras a través, y dentro, de diversos ámbitos laborales. El análisis de esta segregación en los diferentes segmentos de la población es de suma importancia y, aún más, en los sectores más vulnerables, como en las y los jóvenes. Los datos nacionales sugieren que la segregación es una de las características más persistentes dentro del mercado laboral juvenil y, como lo mencionan diversos estudios, esta segregación puede influenciar su desarrollo laboral a futuro [2], [3].

De acuerdo a los resultados publicados en el informe ¿Hacia una reactivación económica sin reducción de brechas de género? [4], las actividades con mayor presencia de mujeres jóvenes en el 2007 fueron: (1) servicios, (2) enseñanza, (3) hoteles y restaurantes y (4) comercio; para el 2019, estas actividades seguían liderando la lista de las ramas de actividad económica con la mayor tasa de participación femenina. Esto quiere decir que en los últimos quince años esta característica estructural del mercado laboral juvenil se ha mantenido.

Este informe también menciona que, si se considera a la segregación por ocupación, al 2019, tanto a nivel nacional como en el área urbana y rural, existía una mayor proporción de mujeres jóvenes en condición de trabajadoras familiares no remuneradas. Es decir, ellas en comparación de sus contrapartes masculinas, apoyan en mayor medida los negocios familiares sin recibir alguna compensación.

A partir de estos resultados, se observa un doble impacto negativo de la segregación en las mujeres jóvenes. Por un lado, se encuentran relegadas en actividades con una mayor probabilidad de verse perjudicadas por choques externos. Por ejemplo, durante una caída del flujo del turismo, los ingresos en las actividades como servicios o hoteles y restaurantes son las primeras en verse afectadas.

Por otro lado, el hecho de apoyar más a los negocios familiares no remunerados se traduce en no recibir ninguna retribución monetaria por el trabajo realizado ni contar con beneficios laborales, además de un uso desigual de su tiempo, ya que dedican una mayor cantidad de horas de sus quehaceres diarios a una actividad no remunerativa en vez de otras, que conlleven una mayor generación de capital humano, como estudiar o trabajar por un salario digno.

Pero esta segregación no solo afecta a las mujeres jóvenes, sino también a los hogares, a las empresas y a la economía en su conjunto. Esta característica del mercado de trabajo de la población joven hace más difícil cerrar la brecha salarial por género [5], afectando los ingresos totales en los hogares y sobretodo en los hogares monoparentales encabezados principalmente por mujeres jóvenes. Este panorama es cada vez más común en el país y, en los últimos años, está tomando más notoriedad debido a los múltiples problemas que enfrentan la población joven. Asimismo, el no tener en consideración a mujeres dentro de ciertas actividades, reduce las posibilidades de las empresas de encontrar un personal con las calificaciones que necesitan, generando así, déficit de capacidades y pérdidas monetarias para la economía en general.

Dado este panorama, la actuación del Estado es muy importante. Aunque se han tomado medidas para la inclusión laboral de las mujeres, aún se tiene mucho por hacer y existe un amplio espacio para mejorar. Algunas acciones para fortalecer son:

  • Plantear estrategias para promover una mayor variedad de elecciones educativas durante la orientación vocacional de mujeres adolescentes próximas a culminar la escuela. Aunque en los últimos años la participación de las mujeres en la educación superior ha aumentado, esto no basta para reducir la segregación laboral. La elección de una carrera está influenciada por el colegio, el hogar, la confianza y las habilidades. Por ello es necesario una mayor atención desde las escuelas y las familias en el desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales para que las mujeres incrementen sus expectativas no solo de alcanzar una educación superior sino de involucrarse en actividades dominadas por hombres.
  • Asegurar la seguridad de las mujeres en el ámbito laboral. El miedo al acoso, a la violencia de género y a la seguridad pueden desincentivar a muchas de participar en sectores con un ambiente fuertemente masculinizado. Además de existir un gran déficit de investigaciones sobre esta temática en el país.
  • Realizar, de manera de colaborativa, estrategias de comunicación masiva entre el sector público y privado sobre modelos a seguir y de programas de mentoría. Los modelos a seguir afectan las expectativas de las mujeres sobre su desenvolvimiento y el grado de éxito que pueden llegar a lograr en los campos profesionales donde deseen especializarse. Sumado a ello, los programas de mentoría incrementan el conocimiento sobre el camino que debe seguir una mujer para desarrollarse y destacar en actividades donde la cuota de participación es baja.

Referencias

[1] Beltrán, A. (18 de Septiembre de 2021). Centro de Investigación Universidad del Pacífico. Obtenido de https://ciup.up.edu.pe/analisis/las-practicas-culturales-y-los-estereotipos-de-genero-son-un-factor-importante-detras-de-las-diferencias-salariales-entre-hombres-y-mujeres/

[2] Acosta, J., Osorno, M., & Rodríguez, O. (2021). Measuring the effect of gender segregation on the gender gap in time-related underemployment. Journal for Labour Market Research.

[3] Lee, N., & Adair, L. (2008). Occupational Gender Segregation and Wage Rate Differentials among Filipino Youth . Philippine Population Review.

[4] Elguera, S., Rodriguez, K., & Tovar , A. (2022). La segregación en el empleo juvenil: ¿hacia una reactivación económica sin reducción de brechas de género?. Lima: Equilibrium Centro para el Desarrollo Económico (CenDE).

[5] Blau, F., & Kahn, L. (2000). Gender Differences in Pay. Journal of Economic Perspectives, 75-99.

 

Alonso Tovar y Sául Elguera