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Desestabilización: El objetivo de las políticas económicas de Venezuela de los últimos 20 años

Créditos de foto: Dolce Vita

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El pasado 7 de julio, el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello presentó los resultados de la ENCOVI 2019-2020. Como era de esperar, los resultados de las condiciones de vida de los hogares venezolanos son abrumadores. La población en Venezuela  tiene un ingreso diario promedio de US$ 0.72, y un 79.3% de los venezolanos no tiene cómo cubrir la canasta de alimentos.

Estos resultados son el reflejo de las políticas económicas y sociales que ha implementado el régimen venezolano durante los últimos 20 años. Hoy en día, la economía de Venezuela sigue en crisis: la inflación interanual a julio 2020 es de 264 872.9%, el PBI ha caído un 70% de su nivel en 2013 y la producción petrolera pasó de una producción récord de 3.3 millones de barriles diarios en 1998 a solo 550 000 barriles diarios en 2020. La estrategia del régimen en Venezuela parece haber buscado lo contrario a los objetivos que persigue cualquier país en búsqueda de desarrollo sostenible: crecimiento económico, estabilidad de precios, distribución equitativa de la riqueza y empleo pleno.

El crecimiento económico

Desde el 2013, Venezuela ha ingresado en una fase de decrecimiento económico. El PBI ha decrecido año tras año hasta el día de hoy, y no hay cambios económicos sustanciales que den indicios que esta tendencia pueda revertirse en el corto plazo, siendo más de siete años de contracción. Para ponerlo en perspectiva: en el año 2013, el PBI de la economía venezolana fue de USD 482 mil millones y la del Perú  se encontraba en 200 mil millones de dólares; es decir, un 40% del tamaño del PBI de Venezuela. Perú, después de la baja en el 2014 a causa de la caída del precio global de los minerales, mantuvo un crecimiento constante entre el 2015 y 2019, consiguiendo un PBI para cierre de año de USD 226 mil millones. Venezuela, por el contrario, decreció a USD 76 458 para finales de 2019.

La causa-efecto de la recesión económica que afronta Venezuela implica un descenso de la inversión, aumento de desempleo, descenso de salario derivado de la menor capacidad económica de las empresas y la de amortizar puestos de trabajo por el descenso empresarial. Asimismo, con menos personas ocupadas y con una capacidad económica menor, el nivel de gastos disminuye.

La estabilidad de precio

El bolívar se ha caracterizado por ser una moneda inestable desde hace varios años pero en noviembre de 2017 se comienza a categorizar como hiperinflación cuando llega a una inflación mensual de 56.7% e interanual de 1 370%. La política económica de Venezuela, acompañada con el control de cambio monetario, llevó a una fuerte devaluación del bolívar y eliminó la capacidad de ahorro que tenía la mayor parte de la población en moneda local. El bolívar es cada vez menos relevante en el país. A la fecha, 56.6% de las transacciones monetarias en Caracas se hacen en dólares americanos, un 2.2% en euros y un 1.3% en otras monedas, dejando solo un 39.9% de las transacciones con la moneda oficial. Esta hiperinflación y la entrada de remesas del exterior en moneda extranjera, mantienen la tendencia de mayor uso de dólares en Venezuela y cada vez menos bolívares.

La distribución equitativa

Según datos de la ENCOVI 2019-2020, un 96% de la población venezolana es pobre en ingresos, un 68% pobre en nivel de consumo y un 41% de pobreza crónica. Los niveles de pobreza en Venezuela se comparan con los países más pobres del mundo y que tienen mayor inestabilidad política. Venezuela no solo se ha vuelto un país más pobre, sino también más desigual. Se calcula que un 59% de los dólares se encuentran en manos de solo un 2.3% de la población y el coeficiente Gini, que mide desigualdad, es de 0.51, dejando a Venezuela como uno de los países más desiguales del mundo.

El pleno empleo

En nivel de participación económica de la población venezolana es el más bajo de la región. La Población Económicamente Activa (PEA) es de solo un 56%. Una cifra mucho menor a la de otros países de la región como Perú que tiene una PEA de un 72%. Del 44% de la población inactiva, un 49% dice dedicarse a responsabilidades en el hogar, un 19% son estudiantes, 15% jubilados o pensionados, 6% en discapacidad para trabajar y el restante 15% en otra situación. Tomando en cuenta esta baja participación económica, una fuente de ingresos esencial para la población residente en Venezuela son las transferencias. Un 42% del ingreso total de los hogares en Venezuela proviene de transferencias no laborales.

¿Cuándo vamos a tocar fondo?

Las sociedades y los seres humanos son adaptables a cualquier crisis y circunstancia. La crisis venezolana parece demostrar que no existe un fondo. La economía sigue en crisis y es dependiente de transferencias extranjeras. Su capacidad productiva se ha visto mermada en gran parte y sigue en caída. Sin cambios estructurales, la tendencia no se revertirá. Como reflejado anteriormente, con indicadores para la medición de desarrollo económico, el régimen venezolano ha demostrado querer sistemáticamente mermar el aparato productivo, la propiedad privada y la capacidad de desarrollo.

Sin embargo, es importante no perder las intenciones de fomentar la economía desde el lado privado. Como dice el economista Asdrúbal Oliveros, en Venezuela “el mayor acto de rebeldía de un empresario en las condiciones actuales del país es mantenerse a flote”. Ante un Estado que busca mantener el control desmantelando la capacidad productiva del país, una gran arma para hacerle frente es seguir luchando por mantener la capacidad productiva y la generación de valor.

Autor:

David Licheri

David Licheri

Director de Equilibrium CenDE