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Venezuela: Entre una emergencia humanitaria compleja y la aparición del COVID-19

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No es secreto que Venezuela se encuentra desde hace años sumergida en una crisis política, económica y social que ha derivado en una compleja emergencia humanitaria. La hiperinflación, el decrecimiento de la economía, los altos niveles de vulnerabilidad de la población, el decadente sistema de salud y la baja capacidad (y voluntad) de canalizar recursos de la comunidad internacional han generado que más de 5 millones de personas abandonen el país, y que la mayoría de quienes siguen buscando hacer vida en él se vean cada día frente a un nuevo desafío. Tanto el migrante como el que se queda enfrentan problemas para alimentar a sus hijos, velar por su salud y proveerles de oportunidades.

En medio de toda esta emergencia humanitaria, llega la pandemia del COVID-19. El mundo se ha quedado estupefacto frente a una crisis que nadie pudo haber previsto y que afecta tanto la salud de la población mundial como la economía global y la capacidad de subsistencia de las personas. Las estimaciones indican que estamos frente a la peor crisis económica desde la “Gran Depresión” de 1929. Y es, justamente, en estos escenarios donde las personas vulnerables son las que mayor riesgo corren. Todos los países del mundo se ven afectados por esta pandemia, y Venezuela, lastimosamente, no solo no será la excepción, sino que posiblemente será uno de los más afectados económicamente.

La mayoría de los países de América del Sur ha implementado cuarentenas para hacerle frente al esparcimiento de la enfermedad, y ya hemos empezado a observar los efectos colaterales de estas medidas sobre la población venezolana. En el caso de la población migrante, nuestra más reciente encuesta a población venezolana migrante en Perú (el segundo país con más migrantes venezolanos) nos indica que el 83% de ellos se encuentra sin trabajar en este contexto de cuarentena y el 77% no cuenta con más dinero para adquirir alimentos. Las encuestas que tenemos en proceso en otros países nos hacen ver que este parece ser el caso en los principales países de acogida para la población migrante venezolana.

En el caso de la población que se encuentra en Venezuela, la acumulación de desafíos que ya enfrentaban con el fenómeno del nuevo coronavirus puede traducirse en una situación crítica. Hablamos de un país donde la mayoría de las personas opera en el mercado informal y donde la provisión de servicios básicos es muy limitada. Si tomamos como ejemplo a la población joven en ese país, nuestra encuesta a esa población refleja que el 74% no tiene acceso constante a servicios de electricidad y agua en sus hogares, el 33% de los que estudiaban no lo puede hacer en estos momentos, el 34% de quienes trabajaban no está generando ingresos y el 54% de aquellos que recibían remesas ya no las recibe en la misma cantidad o en lo absoluto. Si el impacto es de esta magnitud en esta población, no es difícil pensar que podría ser igual o peor en grupos vulnerables. En este sentido, la población venezolana tanto en su país como en el extranjero es potencialmente una de las más vulnerables a los efectos la famosa COVID-19.

La capacidad de respuesta de los gobiernos venezolanos (gobiernos en plural, ya que, hablamos tanto del régimen de Nicolás Maduro y del Gobierno Interino de Juan Guaidó) es especialmente limitada. El régimen de Maduro no cuenta ni con los recursos necesarios para manejar la crisis (ni la capacidad de obtenerlos de la comunidad internacional), ni con la credibilidad de la población (87% de los jóvenes venezolanos no confía en sus cifras sobre la enfermedad de acuerdo a nuestra encuesta). Por su parte, el Gobierno Interino de Guaidó no cuenta con el control sobre el Estado ni con el manejo de recursos generados por impuestos, y tampoco con la comercialización del crudo (los principales recursos económicos del país). Esto se refleja no solo sobre quienes viven en Venezuela sino también sobre los migrantes, que no han sido incluidos en la mayoría de programas de asistencia de los países donde residen y donde las representaciones diplomáticas del Gobierno Interino no cuentan con suficientes recursos para apoyar a todos los afectados.

Sin embargo, cada uno tiene un elemento importante a su favor: el gobierno del régimen cuenta con la estructura institucional y el gobierno interino, potencialmente, cuenta con la capacidad de conseguir recursos de la comunidad internacional. En este sentido, no es descabellado pensar que un Gobierno de Emergencia Nacional, conformado por ambos “bandos”, pueda ser una solución viable tanto para el periodo de manejo de la pandemia como para el periodo posterior de manejo de las repercusiones económicas.

Un gobierno con estas características podría generar que ambas partes aporten sus fortalezas y, por ende, se minimicen las debilidades. Las estructuras del Gobierno de Maduro ofrecen la capacidad de acción, distribución e implementación necesarias para poner en marcha una serie de políticas públicas para hacer frente al esparcimiento de la enfermedad y el impacto económico sobre las familias (se requieren, por ejemplo, transferencias directas a las familias vulnerables por montos sustanciales y distribución de alimentos y productos de primera necesidad). Por su parte, el Gobierno Interino podría canalizar el apoyo de la comunidad internacional (al ser reconocido por las principales potencias mundiales). En primer lugar, desde un apoyo humanitario caracterizado por medicinas, equipos médicos y alimentos, y, en segundo lugar, mediante la adquisición de préstamos a tasas razonables de parte de los organismos multilaterales (FMI, BID, CAF, etc.) para el fortalecimiento de los servicios básicos, sistema de salud y transferencias directas. Adicionalmente, un gobierno con ambos grupos de actores podría generar mayor transparencia y por ello contar con mayor credibilidad por parte de la población, factor fundamental en la conducción de crisis.

Una solución temporal a la coyuntura política podría ofrecer mecanismos de mitigación de impacto a la crisis económica y a la emergencia humanitaria. A lo largo de la historia hemos visto como los momentos de mayor desafío y tensión pueden generar las soluciones, reformas y acciones más creativas e innovadoras. Es justamente frente a un momento histórico donde nos encontramos donde la manera de responder de los actores políticos determinará si se abren canales para un manejo “exitoso” del reto actual o si el país se sumerge aún más en una crisis con poco retorno.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE