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Venezuela, ¿país de emprendedores o país de sobrevivientes?

Lo que significa que la mayoría de la población venezolana opte por el trabajo independiente.

Créditos de foto: Yahoo Noticias

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Desde que tengo memoria he escuchado que el venezolano es emprendedor, que siempre está buscando mecanismos para sacar adelante nuevos negocios y mejorar así sus condiciones de vida. De acuerdo a la Encovi 2020, el 45% de los venezolanos se identifica actualmente como trabajador independiente, habiendo aumentado esta categoría en 14 puntos porcentuales desde el 2014. Si observamos el caso de la población migrante, la última encuesta regional de Equilibrium CenDE a migrantes en la región andina, arroja que el 32% de las personas económicamente activas son trabajadores independientes.

Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre el emprendimiento y el trabajo independiente o autoempleo. Cuanto observamos que porcentaje de la población ocupada tanto en Venezuela como los migrantes en la región son empleadores, observamos que tan solo 3% en Venezuela cae en esta categoría de acuerdo a la Encovi y tan solo el 1.2% de los migrantes se identifica de esta manera de acuerdo a Equilibrium CenDE. Entonces, surge la pregunta: ¿es Venezuela un país de emprendedores o un país de sobrevivientes?

La romantización del trabajo independiente o autoempleo, así como todo lo que puede entrar bajo esta categoría, lleva a que no prestemos profunda atención a lo que esto implica. Un país donde todos son trabajadores independientes es un país donde las oportunidades de empleo formal son escasas y los motores productivos del país ineficientes, es un país que le ha fallado a su población.

Adicionalmente, la definición de trabajador independiente abarca desde el consultor económico que presta sus servicios a grandes empresas hasta al vendedor ambulante que vende dulces en la autopista. Ninguno es mejor que el otro pero es evidente que sus condiciones socioeconómicas no son las mismas. Sin embargo, no nos engañemos: en el caso de los venezolanos dentro y fuera de Venezuela, probablemente la mayoría de los trabajadores independientes se encuentran más cercanos al segundo caso que al primero (en el caso de los migrantes en la región andina, por ejemplo, el 32% de los trabajadores independientes son vendedores ambulantes).

Es por esto que me gustaría volver al punto anterior, y por lo que es relevante hacer esta diferenciación, el emprendimiento por iniciativa propia con perspectivas y recursos para el crecimiento es fundamental para el desarrollo socioeconómico de un país, el trabajo independiente por necesidad es un mecanismo de supervivencia. Es una herramienta a la que recurrir cuando el Estado falla en proveer oportunidades suficientes para el desarrollo del sector privado de la economía y la generación de empleos.

¿Por qué nos deberíamos preocupar significativamente por estos resultados? Porque el trabajo independiente en la mayoría de los casos se traduce en vulnerabilidad. No se tiene acceso a los beneficios y protección de la ley (aunque en Venezuela esto no signifique mucho), y por sobre todas las cosas no se tiene seguridad sobre la continuidad de ingresos. En este sentido, no permite planificar a largo plazo, adquirir préstamos y servicios financieros, ni garantizar la inversión en la educación de los pequeños de la casa, por ejemplo.

Sin embargo, esto no es todo. A todo este fenómeno de desprotección de la población económicamente activa dentro y fuera de Venezuela se suma un factor altamente preocupante y al que hago mención constantemente (ya que al final esto es el corazón de todo proyecto de desarrollo), el riesgo de perder el capital humano de los venezolanos. La mayoría de los trabajadores independientes, sobre todo aquellos que optan por este camino producto de una alta necesidad, no se encuentran ejerciendo sus profesiones o desarrollándose en sus áreas de experticia. Esto lleva a la desactualización y pauperización del capital humano venezolano, dentro y fuera del país, y por ende afecta significativamente los prospectos de desarrollo socioeconómico más allá de si se logran o no cambios estructurales profundos en Venezuela.

Me gustaría tomar el presente artículo como un llamado a la no romantización del trabajo independiente, y a no confundirlo con emprendimiento. Si bien es cierto que muchas personas optan por el autoempleo por decisión propia y sin presión económica (yo he sido uno de ellos en varias etapas de mi vida), la mayoría recae en esto por necesidad de sobrevivencia producto de la falta de oportunidades. En este sentido el régimen venezolano, como ya se sabe y como ha quedado nuevamente en evidencia por los resultados de la última Encovi, ha destruido cualquier oportunidad de desarrollo del capital humano venezolano y nos recuerda así que las repercusiones de las desastrosas políticas públicas de los últimos años tendrán consecuencias por muchos años más allá de cualquier cambio de gobierno y/o sistema político-económico.

Generar un contexto para el desarrollo del capital humano venezolano mediante la generación de empleos de calidad formales, la facilitación de herramientas para el emprendimiento y la protección a los trabajadores independientes no será tarea fácil, pero el punto de partida es el reconocimiento de lo que implica cada condición. Frente a cualquier problema el primer paso es el diagnóstico de la situación, y en este sentido, encontramos tres factores fundamentales a tomar en cuenta: 1) no existe en Venezuela un contexto para la generación de empleos formales de calidad, 2) no existen en Venezuela herramientas para estimular el emprendimiento formal y 3) la gran mayoría de los trabajadores independientes se encuentra desprotegido, en condición de vulnerabilidad y con pocas perspectivas de desarrollo profesional.

Si partimos de este diagnóstico y dejamos de romantizar el autoempleo podemos empezar a pensar en el tipo de políticas que tocará implementar una vez que se puedan llevar a cabo cambios estructurales importantes en el país. La estimulación de la inversión privada y protección a los negocios de esta índole, nacionales e internacionales, será fundamental para generar empleos formales con proyección de carrera. La inversión en innovación y la disposición de mecanismos de financiamiento para el emprendimiento proveerán herramientas para el crecimiento de nuevos negocios, y por ende del mercado laboral. El desligar los servicios de protección social (por ejemplo, seguro de salud público y pensiones) del empleo formal, así como la implementación de redes de protección (por ejemplo, seguro de desempleo y programas de re-capacitación) proveerá mecanismos de protección para quienes queden trabajando fuera de la formalidad. Y, por último, el diseño de programas de capacitación para el empleo eficientes, flexibles y en relación a la demanda actual y potencial del mercado laboral, permitirá contar con la fuerza laboral que requiere el país para su desarrollo socioeconómico.

Para responder a la pregunta inicial, Venezuela es un país con emprendedores, sí, pero mucho más que eso es un país de sobrevivientes. Bajo el contexto actual es difícil dar la vuelta a esta situación, pero reconocer el desafío es fundamental para empezar a considerar los cambios estructurales que el país necesita. Quienes ahora sobreviven del trabajo independiente son víctimas de un sistema fallido que los ha forzado a buscar ingresos de manera informal. Por esto no se les debe condenar pero tampoco se puede romantizar su situación clasificándolos como emprendedores. Solo reconociendo lo se esconde detrás de las etiquetas podremos poner en evidencia la catástrofe de la crisis y empezar a buscar soluciones en pro de la población más vulnerable.

Autor:

Gustav Brauckmeyer

Gustav Brauckmeyer

Director Ejecutivo de Equilibrium CenDE