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Quedándonos atrás: el rezago escolar de los niños y adolescentes venezolanos como dimensión de la crisis

Los grandes niveles de rezago escolar existentes en el sistema educativo venezolano ponen en terapia intensiva la calidad educativa en Venezuela.

Créditos de foto: Reuters

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Hablamos de rezago escolar cuando existe una discrepancia entre el nivel educativo cursado por un individuo respecto al nivel educativo considerado apropiado según su edad. Es decir, expresa una brecha entre la edad y el grado escolar cursado, lo que se constituye en un atraso.

El rezago educativo es uno de los problemas más graves que enfrentan los sistemas educativos, ya que es considerado un indicador de baja calidad educativa. Típicamente, los rezagos se generan por entradas tardías al sistema educativo, reprobación, repetición de grados y abandono temporal.

La reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2019–2020) arrojó unas preocupantes cifras que evidencian la magnitud del rezago escolar existente en el sistema educativo venezolano.

Para fines de 2019, el 33,5% de los niños y niñas entre 7 y 11 años (nivel primaria) presentaron rezago escolar, cifra que cuadruplica los niveles de rezago existentes hasta el año 2018. Dentro de este grupo, un 24% de los estudiantes padece un rezago severo, es decir, un retraso de 2 años o más en el sistema educativo. Para poner en contexto estas cifras, comparemos los datos con los países de América Latina y el Caribe, un continente que, históricamente, ha enfrentado problemas en este rubro. Al respecto, encontramos que el promedio regional de rezago escolar en la educación primaria es de 20% (CEPAL), con países que destacan por su alto porcentaje de rezagados severos como Nicaragua (22,3%) y Guatemala (20,6%). Lo anterior permite evidenciar que el rezago educativo venezolano en el nivel primaria está muy por encima del promedio regional (33,5% vs. 20%), al tiempo que sus cifras de rezago severo (24%) ya superan a la de los países típicamente considerados como de mal desempeño.

Este desolador panorama se repite en el nivel de educación media, donde se constató un rezago escolar de 37,5%. Nuevamente, el 24% del rezago existente puede ser calificado como severo. Un aspecto que destaca es que, sólo en el último año, el rezago severo se duplicó en los hombres y se triplicó en las mujeres. Para completar el sombrío cuadro del rezago en la educación media venezolana, encontramos una importante brecha de 14% entre el rezago escolar del quintil de más altos ingresos (29%) y el quintil de más bajos ingresos (43%), quienes, a su vez, concentran un 27% de rezago escolar severo. Con estos datos, Venezuela pasa a ocupar un lugar “destacado” en el continente como uno de los países con más rezagados en el nivel secundaria.

Ante estas preocupantes cifras cabe buscar algunas explicaciones. Los factores asociados al rezago escolar son múltiples, por lo que suelen ser estudiados desde dos enfoques: factores internos de la escuela y factores extraescolares.

Desde un enfoque centrado en los factores internos de la escuela, encontramos que las variables que intervienen en los resultados académicos están asociadas con la asignación y administración de los recursos, la capacitación y las condiciones de trabajo de los docentes, los salarios, los planes de estudio, el modelo de docencia y la falta de motivación para el estudio. En el caso venezolano, todas estas variables presentan un comportamiento deficiente. La evidencia de ello se expresa en: a) caída del presupuesto real en educación durante los últimos 5 años en torno al 70%; b) déficit de personal docente producto del éxodo masivo (estimado en 10 mil docentes por la Federación Venezolana de Maestros); c) precarización laboral del personal docente restante; d) deficiente e ideologizado currículo educativo de los niveles de primaria y secundaria; e) un 22% de los adolescentes entre 12 y 17 años no asisten a la escuela por no considerarlo importante o relevante.  Se puede evidenciar que en Venezuela actualmente se conjugan principales los factores de riesgo dispuestos por la literatura y los expertos como variables internas que inciden en el rezago educativo.

Desde un enfoque extraescolar, la literatura señala que las principales casusas del rezago escolar son la situación socioeconómica, la cultura y el contexto familiar de los estudiantes. Específicamente, la pobreza, el desempleo, la baja escolaridad de los padres, el embarazo a temprana edad, el consumo de drogas, la desintegración familiar, así como las bajas expectativas que las familias tienen de la educación son identificados como factores del contexto familiar que pueden desencadenar en el rezago educativo. En el caso venezolano, todas estas variables extraescolares están presentes como factores de riesgo que propician el rezago: a) 54% de pobreza multidimensional y 96% de pobreza por ingresos (ENCOVI 2019-2020); b) tasa de embarazo adolescente de 95 x 1000 hab. (UNPF, 2019), la tercera más alta de América Latina; c) alta desintegración familiar derivada de la emigración masiva (según ENCOVI, 1 de cada 5 hogares reportan que uno o más de sus miembros abandonaron el país entre 2014-2020); d) tasa de desempleo en torno al 47% (FMI); e) un 7% de los adolescentes entre 12-17 años abandonan permanentemente la escuela para trabajar (ENCOVI 2019-2020), mientras que un grupo mucho más elevado la abandona temporalmente por razones laborales.

Dentro de los factores extraescolares, un papel esencial lo juegan los factores asociados al mal desempeño gubernamental. Según reportes del Observatorio Educativo de Venezuela, durante el año escolar 2018–2019, apenas un 15% de los planteles del país lograron cumplir el calendario escolar oficial (mínimo 200 días hábiles de clases). El resto de las escuelas contabilizó una gran cantidad de días de clases perdidos, encontrándose entre los casos críticos los Estados Zulia y Monagas, en donde se perdieron aproximadamente el 50% de los días de clases. Esta pérdida masiva de clases es producto del colapso de los servicios públicos esenciales (principalmente electricidad y agua potable), que impiden la continuidad de las clases. De hecho, el histórico repunte del rezago educativo en el año 2019 guarda una relación causal directa con la crisis de los servicios públicos esenciales que estalla en el año 2018 y, en la práctica, implicó la pérdida del año escolar de un importante segmento de los estudiantes.

Los grandes niveles de rezago escolar existentes en el sistema educativo venezolano ponen en terapia intensiva la calidad educativa en Venezuela. Por un lado, el rezago escolar es considerado un eslabón previo a problemas educativos aún más graves, como la repitencia y la deserción escolar. Por otro lado, el rezago escolar afecta severamente la calidad del proceso de aprendizaje de los estudiantes. En conjunto, estas consecuencias nos están indicando que un volumen significativo de los niños, niñas y adolescentes del país no logrará alcanzar escalones educativos y bienes de aprendizaje relevantes.

Los impactos sociales del rezago escolar son igualmente preocupantes. La promoción educativa precaria afectará particularmente a las generaciones masculinas y femeninas de los segmentos sociales más bajos, condenándolos a un futuro de precarización laboral, pauperización del ingreso y segregación social.

Detener el avance del rezago escolar y, por ende, frenar el rezago del país requerirá la implementación de políticas públicas integrales que impacten los diversos factores de riesgo internos y externos a la escuela. En este sentido, las políticas, las medidas legislativas y las innovaciones que se emprendan, relativas a la educación de la población en rezago educativo, deberán ser globales, incluyentes de los sectores sociales vulnerables y basadas en enfoques sectoriales e intersectoriales. Todo ello requiere un renovado pacto social educativo que priorice la calidad educativa, el enriquecimiento del saber y la dignificación de los niños, niñas y adolescentes en situación de rezago educativo.

Lamentablemente, nada parece indicar que nos estemos dirigiendo en esa dirección. De hecho, la baja prioridad asignada por el régimen en el poder a la calidad educativa, sumada a la baja profesionalización y alta politización con la que es gestionado el sector educativo venezolano, no hace sino presagiar un futuro poco prometedor. La educación venezolana está en una pendiente decreciente cuyos impactos negativos a largo plazo serán irreversibles: capital humano de baja calidad, precariedad de la fuerza laboral y baja competitividad internacional en un mundo donde la excelencia educativa y la innovación serán la clave.

Autor:

Verónica Medina

Verónica Medina

Coordinadora de Investigación - Venezuela